Thursday, December 14, 2017

Las Monjas Carmelitas

“En Obsequio de Jesucristo”

La Orden tuvo desde el siglo XIII, con su difusión en Europa, algunas mujeres particularmente liadas a su espíritu y que muy pronto se comprometieron con los mismo vínculos de los religiosos. La bula Cum Nulla de Nicolás V, en el año 1452, mientras se aprobaba una situación de hechos, ponía las bases para un ordenado desarrollo del Carmelo femenino, a fin de que la Bienaventurada Madre de Dios fuese venerada por las religiosas, como lo era por los religiosos de la Orden. (Const. 19) 
 
Ya desde los principios de esta incorporación, se dieron grandes figuras de mujeres que enriquecieron la expresión femenina del carisma carmelitano. Entre ellas, la Beata Francisca de Amboise (+1485), fundadora y animadora de numerosos monasterios carmelitas, erigidos en colaboración con el Beato Juan Soreth, general de la Orden; Santa Teresa de Jesús (+1582), cuya obra reformadora y su doctrina es expresión de la grande fecundidad del Carmelo;Santa María Magdalena de Pazzis (+1607), que selló el ya centenario monasterio de Florencia, “morada de María”, con su huella de fuego, y que con la plenitud de su vida fue una continua y apremiante afirmación de la grandeza y gratuidad del Amor de Dios. (Const. 20)
 
Las monjas carmelitas compartimos con toda la familia Carmelita un único carisma común: el empeño de «vivir en obsequio de Jesucristo» en actitud contemplativa, que plasma y sostiene nuestra vida de oración, de fraternidad y de servicio, en íntima familiaridad con la Santísima Virgen y en la línea profética del profeta Elías. 
 
La monja carmelita tiene su identidad propia dentro de la Orden.  Vive el carisma de una manera específica, de acuerdo con su estilo de vida contemplativa, cuya presencia continua es para la Iglesia un elemento enriquecedor dentro de la comunidad eclesial.  La Iglesia ha reconocido siempre este carácter distintivo de la vida de la monja contemplativa que no se limita solamente a algunos elementos jurídicos, sino que se manifiesta por medio de expresiones concretas como, la Profesión de Votos Solemnes, el rezo del Oficio Divino, la observancia de la clausura, el deseo de hacer presente a todo bautizado el profundo misterio de la Iglesia, la dimensión escatológica de la fe, la primacía de Dios, el carácter nupcial de la humanidad en unión con Cristo, y el arraigamiento de la vida religiosa en el misterio del amor Trinitario. (RIVCM 2)
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