Thursday, December 14, 2017

Contemplación

“Experiencia transformante del Amor de Dios.”

La contemplación es el corazón del carisma carmelita. La contemplación se entiende como un proceso de continua transformación en Cristo realizada en nosotros por el Espíritu. La contemplación constituye el viaje interior de la carmelita, que proviene de la libre iniciativa de Dios que nos ha tocado y nos transforma hacia la unidad de amor con Él, elevándonos a poder gozar gratuitamente de ser amados por Dios y vivir en su presencia amorosa. Esta es una experiencia transformante del amor de Dios que nos sobrepasa. Este amor nos vacía de nuestros modos humanos limitados e imperfectos de pensar, amar y obrar, los transforma en “modos divinos” y nos permite “no sólo después de la muerte, sino también en esta vida mortal, saborear en el corazón y experimentar en el alma el poder de la presencia divina y la dulzura de la gloria celestial”.

La dimensión contemplativa no es sólo uno de los elementos del carisma carmelita plasmados en oración, fraternidad y servicio, sino que es el elemento dinámico que los unifica a todos. 

(Cf. RIVCM 9)

Oración
En la tradición carmelita oración y contemplación se han identificado a menudo.  Sin embargo, es importante hablar explícitamente de la oración, que es la puerta de la contemplación.  La oración es esencialmente una relación personal de diálogo entre Dios y su criatura.  Dios viene a buscarnos, nos atrae hacia sí y el Espíritu nos insta a dirigir la atención hacia Él, a escuchar su voz, a acoger su Palabra, a abrirnos a su acción transformante.  Nuestra búsqueda de Dios es, de hecho, respuesta a su voz, y el diálogo amistoso en que consiste la oración es a la vez iniciativa de Dios y fruto de la colaboración humana. 

Como monjas carmelitas consagradas a la oración estamos invitadas a cuidarla y a dedicar tiempos y espacios adecuados para estar con el Señor.  Pues una relación de amistad no puede desarrollarse sino “estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama” (Vida 8, 5  de Santa Teresa de Jesús).

(Cf.  RIVCM  18 y 20)

Fraternidad
La llamada a la vocación contemplativa que recibimos dentro del  carisma carmelita es una llamada a vivir en comunidad.  “La Regla nos propone algunas actitudes fraternas y un camino para consolidar la fraternidad vivida en concreto, según el modelo inspirador de la primera comunidad de Jerusalén”.  El compromiso de vida común y de compartir los distintos momentos de escucha, oración, celebración, fraternidad, y comunión impulsan al anuncio gratuito y gozoso de la llamada común a la santidad y a la plena comunión con Dios  y entre las personas.  La misma vida comunitaria carmelita se vuelve así anuncio al mundo,  signo y profecía de que es posible vivir en comunión.

(Cf. RIVCM 22-23)

Servicio
Nuestro servicio apostólico es un elemento esencial del carisma carmelita.  Una auténtica vida contemplativa es necesariamente apostólica.  Por eso el espíritu de servicio apostólico penetra toda nuestra vida de modo que la oración y la inmolación están animadas por el ardor eclesial y misionero, según el ejemplo de nuestro Padre San Elías: “Me abraso de celo por el Señor Dios de los ejércitos”.

(Cf. Const. 92)

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